Ma. Guadalupe Sánchez

  • Ma. Guadalupe Sánchez

    Misionera Laica

    “Lleva tu Cruz cantando y no gimiendo, pues la virtud que sonríe es la más hermosa y con frecuencia también la más heroica.”

    He tenido la oportunidad de compartir muy de cerca con las mamas que residen en Casa Hogar, ellas llegan temporalmente y se van a seguir con su vida “normal”: al salir de aquí salen con un bebe en sus brazos y eso lo cambia todo.

    En su mirada se puede percibir el brillo de la ternura que sienten por sus hij@ y la ilusión de comenzar una aventura, con ese pequeño ser que salió de sus entrañas; eso no significa que no tengan miedo e incertidumbre por el presente inesperado que están viviendo; el cual decidieron enfrentar con valentía, la mayoría de ellas solas con un hij@ en los brazos y lo que es mejor en el corazón.

    ¿Por qué comparto el momento que se van? Porque cuando las veo salir de Casa puedo decir: Misión cumplida Señor. Se logró el objetivo por el cual has querido que exista Casa de Vida en los más necesitados del alma y del cuerpo.

    Estas jóvenes madres, llegan con diferentes motivos e historias; lo que no cambia es la necesidad de tener una familia espiritual, donde se les enseñe el valor que tienen como hijas de Dios; cada Ave María, Eucaristía, oración, momento de convivencia, es una gota de amor en esos corazones que vivían vacíos; poco a poco se van dejando moldear por la acción Divina de Dios y se da el Gran Milagro: Empezar a amar el fruto de sus vientres.

    A unas les cuesta más que a otras, ya que algunas no experimentaron el amor de madre por diferentes circunstancias; sin embargo Nuestra Madre Santa María de Guadalupe, siempre se las ingenia para despertar el amor maternal. Por nuestra parte, se les cuida, aconseja, se les enseña a realizar labores del hogar, cocinar, manualidades y lo que es más importante: el cuidado del bebe con amor desde que está en el vientre entre oraciones, quehaceres y convivencia sana cada día.

    Algunas residentes ingresan con niños a Casa Hogar y viven de una manera nueva su maternidad; otras llegan con la intención de dar en adopción a sus bebes; las he visto luchando, sufriendo por esa decisión y al final descubren que ese amor es para siempre; un día me decía una ex residente “es una parte de mí y no puedo vivir sin ella”.

    Una noche me toco salir con una residente al hospital y entendí el valor de la vida cuando me tocó ver nacer a Reinaldo y tenerlo en mis brazos. ¡Qué experiencia! Aquí todo es tan humano y tan divino que no lo percibimos.

    Ellas vienen y se van con sus bebe; pero se quedan en nuestros corazones y lo que es mejor en el Corazón de Jesús Niño.

    SALVEMOS VIDAS. SEMBREMOS ESPERANZA. ESCUCHEMOS SUS LATIDOS.